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Desde que recibió en brazos a Barbarita Guaimarán, la ha criado como la hija que nunca tuvo. No le tiembla la mano para dejarle saber con qué látigo se imparte el respeto y tampoco esconde su lengua para decirle las verdades más duras. Con una sabiduría milenaria, Eustaquia ha sabido adiestrar el corazón indómito de Doña Bárbara. Sus conocimientos en la hechicería son parte del legado intangible que le ha heredado a "La Cacica del Arauca". Guiada por el instinto indígena es capaz de vislumbrar el peligro y las intenciones escondidas en las demás personas.
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